Si hubiese posibilidad material de convertir el oxígeno en propiedad, estaría regulada y sujeta a leyes como cualquier otro aspecto de la vida de uno. Pagaríamos quizá una cuota mensual acorde al aire hipotéticamente respirado según nuestros datos corporales e impuestos relativos mayores o menores según la capacidad de las viviendas -en caso de haberlas- para contenerlo.
Pagamos por comer y por cultura, ¿por qué no por un elemento igual de necesario para la vida?
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sábado, 9 de enero de 2010
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